31 de octubre de 2018

¿Dónde estamos ahora?

Yeah, where are we now?
Después de la última entrada (la núm XXXVI), de poner esto al día a la vez que hacía un repaso a algunos aspectos desde la creación del blog allá por la primavera de 2015, creo que me he quitado algo bastante pesado de encima y al mismo tiempo me encuentro cerca de cerrar algo, entrando ahora en un nuevo escenario.

Igual que en Desde un rincón de Kowloon al final acabé acusando el peso del pasado, pues fue una aventura que inicié en 2007 cuando todavía estaba en el instituto y poco tenían que ver mi situación y algunos de mis intereses de entonces con lo que vendría después, creo que ahora está volviendo a pasar algo muy similar.

Si volvemos al origen de Cartas desde Guilin, recogiendo aquí lo más relevante de la anterior entrada:

  • En 2015 estaba parado, muy parado. De hecho, no había trabajado aún ni había hecho demasiado por remediarlo, y había abandonado los estudios 6-7 años antes, habiendo hecho desde entonces nada más que un par de cursos para gente parada y muy distanciados entre sí. Por entonces ya me había visto involucrado en algunas cosillas, pero tenía mucho tiempo libre.
  • A pesar de consumir mucho menos que antes y quizá hasta olvidarme por épocas, bien por los impedimentos o por otros motivos, seguía teniendo un vínculo estrecho con el manga, el anime, otras manifestaciones culturales japonesas y los cómics.
  • No tenía la posibilidad de conectarme a Internet en casa, así que presumo que dedicaba mucho tiempo a la televisión, radio... y al no poder participar regularmente en conversaciones vía foros, RRSS, el blog era una opción para escribir puntualmente sobre mis intereses y quien sabe si conseguir interactuar.
  • En aquel momento tenía contacto con muy poca gente, algo que era más acusado todavía si nos remontamos a 2013 y anteriores.

Estas cosas, de forma más o menos profunda, han cambiado. Tengo una conexión (además de un ordenador y un smartphone competentes) que me permite comunicarme con los demás de forma más directa y acceder a montones de ocio y recursos, hay algunas personas más en las que pensar de vez en cuando, mis intereses o pasatiempos ahora mismo están algo indefinidos y en este momento, después de trabajar y obtener una respuesta externa sorprendentemente positiva, tengo una ocupación. Quien sabe si por meses, años o lustros, pero durante un tiempo y salvo sorpresa se avecina un tiempo de estabilidad.

Estoy seguro de que hay personas que no tienen problemas en usar una misma plataforma para expresarse durante mucho tiempo y reflejar ahí los cambios que experimentan, pero me da que otras necesitamos reforzar las sensaciones de cambio con hechos para despegarnos del rol que antes desempeñábamos. Renovar el armario, un nuevo corte o color de pelo, darle un par de vueltas a la habitación... o mudar de blog.
De una forma similar a cómo las empresas remodelan sus símbolos o cambian de marca (aunque en esos casos diría que es algo más de cara al exterior, no sé si es un buen ejemplo).

Obviamente, no todo son cambios y presumo que seguirá existiendo cierta continuidad, no sé hasta qué punto, que me impide marcar un punto de inflexión decididamente. Y creo que esta continuidad la marcará, paradójicamente, mi personalidad. Los complejos de inferioridad, el temor a ser herido, las ganas de recibir atención y reconocimiento, las dudas sobre el futuro...

El caso es que esta nueva situación me lleva a pensar y casi a poder asegurar que este blog va a entrar en un nuevo hiato, como pasó en Enero de 2016 mientras me sentía en una buena racha y después de una primera experiencia laboral seria. Pero esta vez, y aunque lo llamaremos hiato porque creo que todavía hay cosas concretas por publicar que podrían ser interesantes para refinar el relato de una época y dar más detalles sobre mí a posibles visitantes, pinta a definitivo, que Cartas desde Guilin se acabó aquí, a que bajamos la persiana. No habría intención de hacer más puestas al día, por ejemplo... (siempre que no haya una recaída, claro)

¿Entonces, voy a dejar de escribir?

No creo... No me gustaría y creo que no aguantaría.
La duda es cómo y/o dónde lo voy a hacer. Cuando hice la última entrada en De un rincón de Kowloon ya pude poner un enlace a este blog, pero ahora...

No tengo ni idea. Por una parte, si mi anhelo de reconocimiento no remite, sería algo público. Supongo que el contenido sería variado. ¿Debería combinar un perfil activo en una red social o comunidad con un blog para aquellos contenidos más extensos, concretos y prácticos? También me gustan las cosas efímeras tipo Stories o Snapchat, aunque al fin y al cabo se puedan capturar. ¿Anónimo o con nombre y apellidos? ¿Debería hacérselo saber a mis conocidos? Estas preguntas se podrían responder si tuviera claros mis objetivos, lo que quiero obtener al escribir, publicar o compartir algo, pero no es el caso. ¿AARGH, POR QUÉ SOY TAN INDECISO Y CONFUSO?


A pesar de la escasa cantidad de entradas o del diseño poco personalizado del blog, he dejado muchas horas aquí, escribiendo lo que podéis ver y lo que no ha llegado a publicarse, buscando imágenes... Y no me arrepiento. Ha sido tortuoso sacar muchas entradas, pero ha sido un buen ejercicio para obligarme a expresarme extensamente e intentar sacar algo más que los primeros impulsos. Para jugar con los registros y verme a mí mismo de una forma más objetiva, templando los ánimos. Para intentar ser preciso con el lenguaje y huir de las exageraciones, aunque siempre se acabe colando algo de literatura.
Creo que hay parte de mí, o al menos de mi imaginario, representada aquí. Esa parte que yace dentro de uno y que no acostumbra a aparecer estando ocupado o junto a otras personas, pero que le acompaña el resto del tiempo. Aunque muchas menciones a cosas y personas concretas sean brevísimas o demasiado sutiles.

No me digáis, por cierto, que no tiene su gracia dejar atrás Guilin justo ahora, cuando ellos también van a reemprender la marcha.
¿Guilin o Kowloon? ¡No me hagáis elegir, veamos lo que nos depara el futuro!

さようなら

Cosas que cambian... y otras que no

¡Hola, mundo!

Vamos a probar de hacer esto algo más fácil.

A veces he escrito entradas de una forma más desenfadada y con un carácter más temporal —aquí, por ejemplo—, pero como ya he dicho alguna vez, uno de los motivos para seguir escribiendo aquí (y para tener apuntadas cosas por todos sitios) era llevar una especie de memoria de cara al futuro, para así poder ver qué cosas tenía en la cabeza en diferentes momentos. Esto se explica porque considero que recuerdo muy muy poco de mi infancia y adolescencia.

El problema es que para conseguir ese propósito, claro, habría que ser regular, exhaustivo, ordenado y estar dispuesto a ir revisando lo pasado para no repetirse.

Lo primero, lo de ser constante, siempre me ha costado. Creo que fueron dos las veces que se me pasó por la cabeza la idea de hacer un diario y no pasé del primer o de los primerísimos días. Acababa teniendo la sensación de hacer las cosas para apuntarlas al final del día (¿no es eso algo parecido a lo que pasa ahora con las RRSS, por cierto?).

Lo segundo, lo de no ahorrar en detalles, no me parece viable, directamente. Especialmente desde que esos registros se fueron despegando de lo ocioso para tomar un cariz más personal. Si ya me da cierto pánico que según qué personas pudieran llegar aquí o a alguno de los otros sitios en los que escribo, imagínate si me tomara la libertad de hacer referencia a las personas que me rodean o de soltar mis ideas sobre temas controvertidos.

Y por último, llevar las cosas ordenadas da mucha pereza.

Al final, lo que podría acabar pasando es dejar un testimonio parcial pero, sobretodo, distorsionado. Esas dificultades por reflejar bien el día a día, además de la falta de temas que comentar, la ausencia de una interacción que sí puedo conseguir en otros sitios, o simplemente (y como está siendo este caso sin ir más lejos) que ya no me da la gana perder horas en escribir una entrada intentando que responda a unos absurdos e irreales criterios de estilo son las cosas que han derivado en la inactividad actual cuando en su momento empecé, sorprendentemente, publicando de forma regular. No frenética, pero sí regular..

Todo este rollo viene porque desde la creación del blog algunas cosas más o menos significativas han ido cambiando y me parecía interesante hacer una especie de retrospectiva para actualizar un poco el tema y ver dónde estamos ahora. Al fin y al cabo,

han pasado tres años y medio.