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Tribulaciones de fan...fantasma

Cuando abrí este blog una de las premisas fundamentales era no volcar en él todos mis pesares impúdicamente; no sonar demasiado cenizo. Pero también existía la intención de desnudarme un poco, dada la necesidad que siento a veces, solo a veces, de dar explicaciones, ya que en más ocasiones de las que me gustaría parece que no me hago entender.

Esta entrada va de como estoy digiriendo el poder volver a conectarme de internet de forma más o menos regular y desde un ordenador, aunque algo capada. Puedo anticipar que no demasiado bien, y es que ha dado pie a que vuelvan a asomar algunas de mis obsesiones y miserias.

Por fortuna, en los últimos días la cosa ha apaciguado un poco, así que esto me permite escribir desde cierta distancia y con más tranquilidad, alejado ya del dibujo de Shintaro Kago que véis arriba.

Tengo tics de megalómano. De vez en cuando, aparecen intereses súbitos y en vez de acariciarlos, los estrujo. Y al siguiente. Me pierde la arrogante idea de conocer las cosas en profundidad, desde una perspectiva global, casi de pontificar... en muy poco tiempo. Puede que sea una burda forma de distraerme, intentando agarrarme a cualquier cosa para no caer al vacío y darme de bruces contra la realidad. Sí, todo eso del trabajo, la formación, la responsabilidad... Mientras, van acumulándose las víctimas.

En este tiempo, la primera fue el mundillo del fandom. El fandom y los fanzines. Los fanzines manga. Y los fanzineros. Después, aunque no ha llegado muy lejos, el aprendizaje del japonés. Y los que lo saben. Aquí voy a hablar de la primera.

De entrada, mi actitud respecto a los mensajes de los demás ha cambiado. Mis complejos aflora, y ya no veo siempre con buenos ojos poder aprender y conocer más cosas gracias a los otros, sino que en lugar de eso me fustigo pensando en lo poco que sé, lo que he vivido y lo inútil que soy. Esto me lleva a exámenes de consciencia.


Recientes sucesos como el estreno en cines de algunas películas de anime y su pobre acogida, las demandas de aficionados posteriormente no correspondidas, e hilos en EOL entre otros inputs me han hecho pensar en mi proceder respecto a mis aficiones a lo largo de todos estos años.

Si bien es cierto que desde hace varios años las vivo con un evidente distanciamiento a nivel de consumo, obras, noticias y debates han seguido estando a menudo en mis pensamientos, al menos en lo que se refiere a manga y anime, lo que hace más patente la importancia de las inercias pues contrasta con la naturalidad con la que he dejado de lado el mundo de los videojuegos. Mientras no visito ninguna página especializada en videojuegos, casi a diario merodeo por alguna comunidad que me recuerda lo que se cuece en los mundos de las viñetas y acetatos japoneses (acetatos, ¡qué viejuno suena!).

Como decía, me he planteado si mi actitud en los diferentes foros no se acerca de verdad al postureo. A menudo me he presentado en diferentes sitios como fan de tal y tal, y desde luego no era algo impostado. Pensaba que la vinculación a una afición estaba básicamente en lo que uno sentía, sin importar lo que gastara o el tiempo que se dejase en ello, pero el leer acerca de entidades y fanzines así como los hechos que mencionaba hace dos párrafos me han hecho reflexionar sobre esto, sobre como he contribuido al desarrollo de lo que en principio me estimaba.

¿Por qué no fui a ver Nausicaä al cine? ¿O Totoro? ¿Por qué no he hecho nunca cosplay de forma seria? ¿Por qué nunca hice una parodia de mis series favoritas? ¿Por qué no llegué a comprar ningún Gunpla? ¿Por qué no compré más que dos números de revistas sobre el tema? ¿Por qué no he colaborado en la financiación de Shenmue III?

A varias de estas preguntas podría responder que por dinero u otro tipo de recursos, pero quizás mi interés no fuera tan fuerte, quizás no entienda bien el significado de postureo o mi percepción de lo que transmito a los demás esté completamente distorsionada. Quizás no debería preocuparme por estas cosas y seguir siendo un simple leecher comprando mis cosas de vez en cuando.


De hecho, como comentaba antes, ahora mismo todo este mundillo me pilla más lejano, pero no puedo evitar dejarme llevar por estos debates que en ocasiones llaman más mi atención que los propios mangas o animes. Al menos lo que sí me propuse es no abrir tanto la boca, especialmente cuando se trata de pedir o anticipar compras, que luego pasa lo que pasa...

Indigno... de tantas cosas

Desde luego es curioso mi criterio a la hora de decidir a qué tema le dedico un rato para escribir un comentario y luego acabar compartiéndolo. A veces obedece más a una premeditación que no a la espontaneidad, quizás influido por esa inseguridad que da sentir que aquello por lo que uno siente interés o a lo que mejor dicho dedica uno su tiempo no es válido, correcto o recibe interés alguno por parte de los demás. Puede que sea más sencillo que eso y simplemente mi exceso de tiempo libre y mis oscuros anhelos acaben imponiéndose de vez en cuando a mi profunda apatía.

El caso es que no acostumbro a leer novelas, principalmente por el suplicio que me supone terminarlas. Con esta falta de bagaje literario y mi carencia de formación, ¿cómo se entiende que haya acabado leyendo, tras casi dos meses y varios intentos, Indigno de ser humano de un tal Osamu Dazai? No es tanto un nuevo episodio de este japonismo irracional del que adolecemos algunos consumidores de animanga (weeaboo nos llaman) como un paso más en un interés casi enfermizo por las historias de gente atormentada, marginal y con el sambenito de perdedores que arrastro desde hace algún tiempo.


Perfil del autor vía Sajalín Editores

Así, tras una visita fugaz por Tallon4 donde empecé a leer el nombre de este autor y la búsqueda subsiguiente de material disponible en el catálogo bibliotecario, tenía en casa la citada novela en la que esperaba encontrar una voz cercana con la que identificarme. Pero no ha sido así.

<<Por lo general, las personas no muestran lo terribles que son. Pero son como una vaca pastando tranquila que, de repente, levanta la cola y descarga un latigazo sobre el tábano. Basta que se dé la ocasión para que muestren su horrenda naturaleza.>>

 Publicada por primera vez en 1948, Indigno de ser humano es una de las novelas más célebres de la literatura japonesa contemporánea. Su polémico y brillante autor, Osamu Dazai, incorporó numerosos episodios de su turbulenta vida a los tres cuadernos que conforman esta novela y que narran, en primera persona y de forma descarnada, el progresivo declive como ser humano de Yozo, joven estudiante de provincias que lleva una vida disoluta en Tokio. Repudiado por su familia tras un intento de suicidio e incapaz de vivir en armonía con sus hipócritas semejantes, Yozo malvive como dibujante de historietas y subsiste gracias a la ayuda de mujeres que se enamoran de él pese a su alcoholismo y adicción a la morfina. Sin embargo, tras el despiadado retrato que Yozo hace de su vida, Dazai cambia repentinamente de punto de vista y nos muestra, mediante la voz de una de las mujeres con las que Yozo convivió, una semblanza muy distinta del trágico protagonista de esta perturbadora historia. Indigno de ser humano se ha convertido, con el paso de los años, en una de las obras más populares de la literatura japonesa, superando los diez millones de ejemplares vendidos desde su primera publicación en 1948.

Esto vendría a ser el texto que aparece en la contraportada del libro. Ya me pasa a veces esto, y es que en ocasiones me siento atraído por una vaga sinopsis, una idea simple, que al ser desarrollada se revela más lejana de lo que parecía a simple vista. Temas tan jugosos y espinosos como el suicidio, la dificultad para encajar, esa capa de hipocresía comúnmente aceptada por la ola de la sociedad (guiño), que sin embargo no están al servicio de una narración fácil.

A Dazai, quizás como un reflejo de su propia vida, no parece interesarle poner especial énfasis en los grandes acontecimientos, dramatizar los hechos, ni aunque supongan un punto de inflexión para la vida de Yozo, el protagonista. Se pueden contar minucias de forma grandilocuente o se puede contar un intento de suicido sin sobresaltos ni saltos de línea, como hace Dazai.

LLegados a este punto no sé si tiene mucho sentido hablar de la historia, pues al final el tono sombrío general de la obra es de lejos lo que se impone en el paladar.

+ Enlace a la página de Indigno de ser humano en el sitio web de la editorial. Tienen disponible el primer capítulo para su lectura gratuita.


Esto... es un poco brusco, pero aquí acaba esta entrada. Con la intención de adjuntar algún enlace de interés al final no he resistido a la tentación y mientras escribía he leído comentarios de otras personas, lo que siendo tan insignificante ya hace que me sienta influido y por tanto mancharía todo lo que pudiera escribir después. La idea era poder ofrecer el punto de vista de un lector frívolo y atípico, pero ya no se extenderá más.

Solo añadiré, como tenía previsto, que en la parte final la narración se vuelve algo más clara, que a pesar del tono frío y falto de entusiasmo de esta entrada no me ha dejado una sensación tan mala. De hecho, aunque no tiene una relación directa con esto último, no en mi caso, posiblemente le dé alguna oportunidad a otro libro de Osamu Dazai, y mueva algún dedo buscando mejores sensaciones en adaptaciones a otros medios, y es que en el caso de Indigno de ser humano ya tengo fichados el anime Aoi Bungaku y un manga de Usamaru Furuya.

P. D: Delante de b siempre se debe escribir m. Nunca me aprendí las reglas de ortografía...
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