31 de diciembre de 2017

¡Que se acaba el año!

Solucionar el conflicto árabe-israelí o escribir una entrada. No sé yo qué es más difícil.

Y yo con estos pelos (esto por cierto es totalmente literal, con cinco meses y medio sin esquilarme debo estar ante un nuevo récord personal).


Qué raro es todo. A pesar de vivir bastante ajeno al típico ambiente festivo y sentimental de la época, he venido aquí a escribir algo antes de que se acabe este 2017. Y creo que lo publicaré. Después de tanto tiempo sin entradas nuevas (para el blog ha sido un año entero prácticamente en blanco) hay algo que me insiste en que llene el vacío, que os ponga el día, aunque sea para dar consistencia a la historia y poder seguir con ella más adelante. Que contra más tarde, contra más cosas por contar me deje por el camino, más costará luego. ¿Pero a quién me dirijo? ¿A ti, A.? ¿A mí mismo? ¿A un futuro lector especial? Siempre la misma pregunta.

LLevo tiempo entre ocupado y entretenido, y cada vez me paro menos a darle vueltas a las cosas de forma concienzuda. No es como cuando no tenía internet. Hace tiempo que no me apetece tanto ir apuntando cosas para que no se me olviden, así que hacer un balance bien hecho, completo, real y riguroso del año sería algo... difícil. De hecho, no es habitual que vaya haciendo balances, ni siquiera que me esmere mucho con las felicitaciones. ¿Por qué ahora sí? ¿Una forma de sacar -un poco- de pecho?
El caso es que, y esto ya parece un mantra, creo que no me puedo quejar. Para lo poco que siembro, bastante cosecho.

Empecé el año trabajando, y después de muchos meses poco aprovechados, los últimos cuatro y medio, también. Ya sé lo que es trabajar como mozo de almacén, como manipulador y en la calle.
Yo pensaba que el trabajo curaba. Que el estar ocho horas haciendo algo de provecho, cotizando y tal, permitía pasarse el resto del tiempo tocándose los cataplines sin remordimientos. Sí y no.
Al fin y al cabo son contratos temporales que no me aseguran nada al acabar. Por otro parte, y aunque no deje de ser un agonías y de pensar en lo inútil que soy, veo que puedo formar parte del mundo laboral. Y sobretodo, estoy pudiendo ahorrar, lo que me libera ¡un poco! al gastar y en principio me dará más oportunidades en el futuro. Otra cosa es que las aproveche.

Eso por lo que respecta a trabajo, que por el tiempo que ocupa y las posibilidades que ofrece una nómina condiciona bastante lo demás. Y para una vez que puedo hablar de ello, ¿no?
Curiosamente, aunque he estado cerca, este año no he llegado a estar metido en ningún tema de formación*, algo que se había convertido en una costumbre desde el 2014. El resto de cosas a priori importantes (salud, vocaciones, familia, relaciones personales y mentalidad) no han cambiado mucho, para bien o para mal. Pero en general, y pese a esta rutina austera, poco gloriosa y edificante que depende básicamente de mí, creo que ha habido más buenas noticias que no malas.

Como me empiezo a atascar, me quedaré aquí de momento y seguiremos otro día hablando de los vicios y pasatiempos, que puede dar para algo entretenido.

¡Recordad que muchos calendarios se pueden aprovechar también durante el año siguiente!


Y sí... Buen año nuevo.

P.D.: Ah, las efemérides. No sé donde lo dije, pero este año se cumplían 10 desde que acabé el instituto y después... pasó lo que pasó. Y desde que empecé a navegar habitualmente por internet. Y quizá desde que me agencié un R4 y le pusimos el chip a la Xbox. Pero en el día a día no son cosas que uno tenga presentes... Eso es para los religiosos.

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